En una reunión abierta de investigadores uruguayos citada por la Asociación Uruguaya para la Ciencia, la Tecnología y el Desarrollo (AUCTYD) y que se realizó el 28 de agosto de 2000 pasado, surgieron algunas ideas que se plasman ahora en un proyecto de Carta Abierta a la Opinión Pública. Esta carta circula en ámbitos científicos para recolectar el mayor número de firmas posibles. Adelantamos aquí el contenido de dicha carta "... en la que se informa sobre la gravedad de la situación actual en el sector científico y tecnológico del país, especialmente en vista del proyecto de presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Parlamento y la propuesta de suprimir el Fondo Nacional de Investigadores."
Complementamos el informe con el discurso hecho por los Jóvenes investigadores del IIBCE en el Homenaje a Clemente Estable y con distintas opiniones publicadas como editoriales en la revista "Science" acerca de la necesidad de invertir en ciencia y tecnología en China, India y Europa.
CARTA ABIERTA A LA OPINION PUBLICA
Los abajo firmantes, investigadores
de todas las áreas del conocimiento, hemos considerado necesario
dirigirnos a la opinión publica a los efectos de alertarla acerca
de la grave situación por la que atraviesan las perspectivas de
la investigación en nuestro país. La carencia de una política
de Estado en la materia hace crisis en la actual coyuntura, debido a la
aplicación de fuertes medidas de restricción presupuestal
que no
responden a una política
orientada al desarrollo de la educación y de la producción
nacionales.
UNA BAJA INVERSION EN CIENCIA Y TECNOLOGIA SE ASOCIA A ESCASAS PERSPECTIVAS DE DESARROLLO ECONOMICO Y HUMANO
Esta afirmacion es ampliamente aceptada hoy en dia en el mundo. Por ejemplo, la investigación científica y el desarrollo tecnológico han sido reconocidos como el factor más importante del crecimiento del PBI en los EEUU. Se estima que la mitad del crecimiento del producto bruto norteamericano se debe a la incorporación de nuevos conocimientos a la economía. También los productos con alta componente tecnológica han ido ocupando posiciones cada vez más preponderantes en el comercio internacional. Las cifras son elocuentes: 60% de las exportaciones de los países del sudeste asiático son de productos con alta incorporación de tecnología, contra sólo un 7% en América Latina.
Incluso en nuestra
región, países como Brasil y Chile le han dado importancia
al tema. En términos porcentuales del PBI, la inversión de
Chile en investigación y desarrollo triplica a la uruguaya, la de
Costa Rica la cuadruplica. En los países desarrollados, dicha inversión
multiplica a la nuestra por un factor 10 si se considera como porcentaje
del PBI y por un factor 40 si se considera por habitante. La proporción
de la participación del Estado en la financiación en ciencia
y tecnología varía de país en país, pero una
característica general, aún en los países más
desarrollados como
EEUU y Japón, es
una importante presencia del Estado. La misma se hace aun mas determinante
en países como Uruguay, donde el sector tecnológico privado
es todavía muy endeble.
Nuestra inquietud por el estado de la investigación en el Uruguay incluye a todas las áreas del conocimiento. No sólo porque estamos convencidos de la unidad de la cultura y del impacto que tiene sobre la educación la existencia de una comunidad activa de personas dedicadas a la creación intelectual, sino porque además, no irá muy lejos la tecnología en la solución de nuestros problemas si al mismo tiempo nuestra reflexión sobre la sociedad, en el sentido más amplio y libre, se vuelve pobre y rutinaria. Basta mirar lo que ocurre en el mundo hoy o tener en cuenta los mejores momentos de nuestra propia Historia como país, para comprender la prioridad que debe darse a la creación intelectual en la sociedad.
NECESIDAD DE UNA POLITICA DE ESTADO
Entre 1985 y 1996 el Uruguay alcanzó importantes logros en materia científica, llegando a ocupar uno de los primeros lugares de la región en lo referente al volumen de producción científica con relación a nuestro tamaño. Ello ocurrió sobre la base de un fuerte componente de voluntarismo de parte de la comunidad científica, de una intención firme de reconstruir la vida intelectual y productiva y de estimular la formación de jóvenes con vocación y talento, muchas veces nadando en contra de la corriente y a pesar del escaso apoyo oficial.
También se lograron avances en la conexión entre los sectores productivos y el mundo académico, aunque la incidencia económica de los nuevos desarrollos aún es escasa. A nuestro entender, ello se debe fundamentalmente a la falta de definiciones políticas claras y sostenidas en el tiempo, debidamente acompañadas de una adecuada estructura institucional y de niveles de inversión suficientes e ininterrumpidos.
El gobierno actual ha manifestado reiteradamente su intención de promover en el país empresas de fuerte base tecnológica, por ejemplo a través de la creación de polos o parques tecnológicos. Como lo demuestra la amplia experiencia internacional en la materia, estas políticas sólo pueden llevarse adelante exitosamente en países donde existe una fuerte base científica. Es por lo tanto necesario que las intenciones manifestadas desde el gobierno se encuentren insertas en un plan nacional de desarrollo coordinado del sector científico y tecnológico.
Sin embargo, mientras que en todos los países de la región existen Secretarías, Ministerios u otros organismos muy próximos a la Presidencia para el diseño de políticas y su implementacion, así como para asesorar al Poder Ejecutivo en todo lo referente al desarrollo científico y tecnológico, en el caso uruguayo la priorizacion de estos temas ha disminuido con los años. El país ha carecido de Ministerios o Secretarías dedicados al tema. Al CONICYT, principal organismo del Estado con cometidos en la materia, se le ha ido quitando atribuciones y se lo ha desplazado a niveles cada vez más bajos dentro de la estructura del Ministerio de Educación y Cultura. Sorprende que el país haya creado en las ultimas décadas nuevos Ministerios mientras que los temas científicos y tecnológicos, de altísimo impacto en la nueva economía mundial, sigan siendo escasa y parcialmente abordados.
Cualquiera sea la forma institucional que se dé el país para orientar la actividad científica, su calidad sólo puede ser preservada y promovida asegurando que la selección de los programas y los proyectos se realice con las máximas garantías de ecuanimidad e idoneidad técnica. Políticas científicas serias no pueden definirse e implementarse sin la participación activa de los propios investigadores.
SE REQUIERE UNA INVERSION ADECUADA EN EL PRESUPUESTO NACIONAL
Cada cinco años se le presenta al Uruguay la oportunidad de corregir omisiones y rezagos haciendo un uso racional y equilibrado de esa poderosa herramienta económica e institucional que es la Ley de Presupuesto. Es necesario que se resuelva de una vez el dilema de superar el rezago en inversión en ciencia y tecnología con relación a los países de la región y que se plantee de manera explícita, en el próximo quinquenio, un incremento sustancial del porcentaje del PBI que se dedica a la investigación científica y la innovación tecnológica, aunque sea al menos, para comenzar a acercarse lentamente a los requisitos del mundo actual. Hasta el momento, la mayor parte de los recursos disponibles ha provenido de agencias internacionales de financiamiento, lo que impide en ocasiones que la inversión se oriente ajustándose a las prioridades nacionales.
El país debe aumentar los recursos nacionales genuinos destinados a la ciencia y la tecnología, de manera de ser realmente capaz de tener herramientas idóneas para establecer agendas e instrumentar políticas. Cabe recordar que las verdaderas metas deben ser las de aproximar a nuestro país a la manera como estos temas son considerados en los países más avanzados, los Estados Unidos, Japón, la Unión Europea. También en eso la mundialización pesa fuertemente, y en la medida en que no seamos capaces de competir en ese nivel, que es el nivel real del conocimiento y de la producción, las consecuencias económicas y sociales del atraso serán cada vez mayores.
Sin embargo, en esta etapa
no estamos proponiendo alcanzar esas metas, que son las verdaderas y que
deben motivar nuestras ambiciones como comunidad nacional. Más modestamente,
primero, debemos acercarnos a nuestros vecinos y socios del MERCOSUR, con
respecto a quienes también hemos quedado atrás.
Aumentando los recursos
sociales destinados a la investigación y a la formación de
investigadores, participando en los grandes proyectos que ya existen en
materia de biotecnología, de evaluación y uso de los recursos
naturales de la región, en la explotación racional de las
riquezas del suelo, del subsuelo y del mar, del estudio de los enormes
problemas sociales comunes, todos ellos temas trascendentes que reclaman
ciencia y tecnología avanzadas.
DEBEMOS EVITAR LA FUGA DE CEREBROS
Muchas veces se ha reiterado la afirmación de que el principal capital con que cuenta el país es su gente. Debemos, por consiguiente, alertar sobre los efectos irreversibles que produce la emigración de técnicos y científicos. En efecto, los países desarrollados están llevando adelante una política deliberada y de largo aliento para promover la inmigración selectiva de científicos y técnicos para atender las necesidades de sus economías. Se estima en 2 millones de personas el número de técnicos que Norteamérica y la Unión Europea deben incorporar a su sistema económico para mantener los ritmos de crecimiento de los últimos años. Tanto en EEUU y Canadá, como en cada uno de los países europeos, se están estableciendo metas tendientes a incorporar cientos de miles de técnicos al año.
Los países en desarrollo enfrentan hoy un enorme desafío: retener a las personas más capacitadas de su población, sin las cuales, carece de sentido la propuesta de planes de incorporación y expansión del conocimiento avanzado y de sus consecuencias productivas. Parece no advertirse la gravedad que esto tiene para un país de las dimensiones del Uruguay. Las economías modernas requieren articular recursos físicos y humanos crecientemente variados y complejos. Cada vez que emigra un joven científico uruguayo, perdemos capacidades únicas que el país no esta en condiciones de sustituir.
Un país pequeño como el nuestro debe compensar sus limitaciones de tamaño con una fuerte acción destinada a retener sus recursos humanos altamente calificados mediante condiciones de trabajo que estimulen su permanencia.
Una iniciativa que atendía
a esta necesidad fue la puesta en marcha en 1999 del Fondo Nacional de
Investigadores (FNI). Éste fue creado por el Articulo 388 de la
Ley de Presupuesto de 1996, a propuesta de 23 senadores de todos
los partidos políticos, con el objetivo de "estimular la dedicación
a la investigación científica, tecnológica y cultural
en todas las áreas del conocimiento". Dicha iniciativa contó
con el voto unánime de los legisladores de todas las bancadas, en
el entendido de que podía significar un impulso decisivo para consolidar
los grupos de investigación existentes
en el país. Al apoyar
dicha iniciativa, los legisladores impulsaron una medida conducente a la
mejora de las condiciones de trabajo de los investigadores en todas las
áreas del saber. La misma, de mantenerse, tendrá un impacto
ampliamente positivo sobre la educación, la ciencia y la cultura
nacionales.
Mas de 700 investigadores compatriotas se presentaron al llamado. La evaluación que se llevó a cabo en esa oportunidad permitió calificar a 482 de ellos, sobre la base de la calidad de su producción. Sin embargo, la suma disponible solo permitió apoyar económicamente, con montos muy inferiores a los previstos, a 151 investigadores. Uno de los aspectos más preocupantes para el futuro de la ciencia y la tecnología en el país es que la mayor parte de los excluidos son personas jóvenes, con formación y talento, que trabajan en el Uruguay a pesar de que suelen recibir ofertas de otros países, con mucho mejores salarios y condiciones de trabajo. El incremento del numero de beneficiarios de este programa debería ser una prioridad nacional.
Sin embargo, en lugar de incrementar la partida para hacerla llegar al conjunto de investigadores calificados positivamente, el proyecto de Ley de Presupuesto para el próximo quinquenio elimina tácitamente al Fondo Nacional de Investigadores. No sólo no se ha considerado la posibilidad de que todos aquellos calificados como académicamente aptos para acceder al mismo puedan hacerlo, sino que ni siquiera se mantienen los recursos que el fondo tenía asignados hasta el momento. Esta situación, que confirma la falta de políticas y la inconsistencia con que todo el tema ha sido manejado, profundizará, sin lugar a dudas, el desaliento entre los investigadores y el rezago científico y tecnológico del país.
A nuestro juicio, debe verse
el tema del FNI como un capítulo esencial de una política
general que el Uruguay se está debiendo a sí mismo, y que
debe ser asumida, en primer lugar, por el gobierno nacional. Esa política
debe incluir un ordenamiento institucional diferente, que garantice una
participación activa del poder político y también
de la comunidad científica, un aumento de los recursos económicos
en los sentidos más arriba explicados, el estímulo a los
jóvenes con talento para que puedan dedicarse a la investigación
en el país en condiciones decorosas, una interacción mayor
entre la academia y las actividades sociales productivas, y una política
de relacionamiento regional y mundial en materia de ciencia y tecnología,
hoy inexistente.
Discurso de los Jóvenes Investigadores leído por Aníbal Martínez en el Homenaje a Clemente Estable el Viernes 27 de Octubre de 2000.
Hoy nos toca a nosotros los
jóvenes del Instituto rendirle homenaje al Prof. Clemente Estable.
Dar homenaje al creador de nuestro instituto, al creador de nuestro lugar
de trabajo, de nuestro lugar de formación, de nuestro lugar de esperanzas,
ilusiones y también, por que no, desilusiones.
Antes que nada nuestro homenaje
para el profesor no es hoy en este día solamente. Es todos los días,
en cada laboratorio donde trabajamos cada uno de los jóvenes, ahí
parte nuestro homenaje. Tratando de hacer buena ciencia, trabajando mucho,
formándonos, aprendiendo. Nuestro trabajo es pues el mejor homenaje
que le queremos hacer. Luego surge otro homenaje día a día
que es el de que los jóvenes trabajemos juntos no solo para
organizar una fiesta o un homenaje como este, sino también para
que se comience a trabajar más en colaboración en nuestro
instituto, con el objetivo de lograr una ciencia interdisciplinaria esencial
en estos tiempos.
Pero bien, entonces ¿quién
era Clemente Estable? Nuestra generación no lo conoció en
persona y algunos recién ahora estamos conociendo algo más
de él. Sabemos quién era a través de aquellos que
aprendieron y trabajaron con él, a ellos también le debemos
hoy la continuidad de esta institución y también le extendemos
nuestro homenaje.
Clemente Estable - Fundador
de la carrera científica del país, nos dicen. Y nos cuesta
pensar que antes no había una carrera científica y que en
nuestro país la ciencia era vista y lamentablemente todavía
parece ser vista por “algunos” como un pasatiempo o como algo que no tuviera
utilidad práctica. A muchos de nosotros nos pasó que nos
preguntaban,
- Aníbal, que haces
vos ahí,
- Investigo.
- ¿Investigador?
Cuesta para nuestra sociedad
concebir que la ciencia sirve. Y Clemente Estable fue justamente el pionero
de este concepto de la ciencia como servicio y necesidad del país.
Su dedicación a la ciencia e incansable búsqueda de un futuro
mejor donde quienes seguimos una vocación, sin importar cual sea,
tengamos la oportunidad de vivir de ella, representa para nosotros su principal
legado. Él decía que la actividad intelectual artística,
científica y filosófica debería dar la posibilidad
de vivir en forma decorosa.
Creador del concepto “dedicación
total” que se maneja hoy en muchos organismos del Estado. Fíjense
que vio antes que nadie la necesidad de que el científico se dedique
“todo el tiempo, todo el hombre”, como él decía. En definitiva
la profesionalización de la ciencia.
Muchos de nosotros ya conocemos
la situación de la ciencia en el país y no queremos ser reiterativos,
pero no podemos desaprovechar la oportunidad de tener presentes personas
con la capacidad de influir positivamente en este sentido y no estamos
hablando solamente de los parlamentarios que nos visitan hoy también
invitamos a la prensa y la sociedad en general a influir positivamente.
Entonces creemos que sería buena idea en el día de hoy darles
un panorama actual que lamentablemente no difiere tanto del que había
en la época del Prof. Clemente Estable. El ya sabía de la
necesidad de la ciencia en los países más necesitados igual
que ahora. Si nos fijamos en lo que dijo el profesor durante su visita
en la India.
- “Cuanto más pobre
el país menos se puede dar el lujo de no invertir en ciencia”.
Sus expectativas y reclamos
son tan vigentes como lo eran en su momento.
Sabemos que el desarrollo
de un país no depende solo de su capacidad en materia de Ciencia
y Tecnología, pero es una condición indispensable de la concepción
actual del desarrollo sostenido. Consideramos que la falta de interés
en la ciencia nacional es uno de los síntomas del subdesarrollo
que nos aqueja. Según las estimaciones más optimistas Uruguay
no alcanza a invertir un 0,3 % de su PBI en Investigación y Desarrollo,
este valor está entre los más bajos de América
Latina.
Muchos se preguntan: ¿es
la ciencia en los países pobres, un lujo o una necesidad?
Este es un binomio que nunca
debería plantearse, como tantos otros que surgen en épocas
de crisis.
Los jóvenes científicos
estamos comprometidos a lograr que la sociedad y sus representantes crean
como nosotros que la tarea de la investigación científica
es estratégica para el desarrollo de nuestro país, no sólo
desde el punto de vista económico sino también desde el punto
de vista social y cultural.
Hoy la situación
de nuestro instituto es parecida a otras instituciones donde se investiga
y se hace ciencia. Por un lado tenemos un nuevo edificio renovado y ampliado,
situación similar a la de la Facultad de Ciencias.
Que, si bien este es un
aspecto positivo que debemos resaltar, hay que decir que nos faltan recursos
para asegurar el mantenimiento y desarrollo de éste.
Sin embargo a pesar del
poco apoyo económico y de la ausencia de políticas científicas
el instituto ha logrado un reconocimiento internacional que se refleja
en la calidad de las publicaciones científicas y en las visitas
periódicas de personalidades científicas de alto nivel.
La financiación para
cargos es dependiente del Estado a través del Ministerio de Educación
y Cultura. Estos alcanzan solo a la mitad de los investigadores activos.
Mientras que la otra mitad son cargos obtenidos de proyectos diversos y
honorarios.
Los Jóvenes representamos
más de la mitad de los que hacemos ciencia aquí. 46 jóvenes
con una edad promedio de 26 años y sólo 2 tienen cargos como
becarios del Ministerio de Educación y Cultura. Percibiendo un salario
de 1157 pesos. La mitad de nosotros no recibe remuneración alguna,
y sólo una cuarta parte cuenta con un contrato por proyecto a término.
En los últimos cinco años 41 jóvenes que fueron formados
en el instituto lo abandonaron por falta de expectativas y por falta de
apoyo económico. La gran mayoría de ellos está fuera
del país, de esta manera se hace imposible aprovechar lo que se
ha invertido en su formación y además la pérdida
de los jóvenes para nuestro instituto y lo que es más
grave para nuestro país es irreparable
Sí, nos faltan recursos
y lo decimos así no más, en un momento de crisis económica
del país, por que tenemos la seguridad de que la ciencia es
uno de los caminos por el cual debemos recuperarnos.
Así para finalizar
quisiéramos decir unas palabras que dijo el Profesor Clemente Estable
en ocasión de un homenaje que se le brindara en el parlamento nacional.
“Todos alabamos la belleza
del árbol; todos elogiamos el encanto de la flor; todos saboreamos
el fruto maduro; todos escanciamos el zumo que fermenta.. y pocos muy pocos
se acuerdan de la oscura raíz que trabaja en profundidad.. eso ocurre
con la ciencia pura y la ciencia aplicada.”
|