Los transgénicos.  Cuales son los miedos y cuales las expectativas sobre los alimentos provenientes de organismos genéticamente modificados.

 

Rodolfo Wettstein

Depto. de Biología Molecular

Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable

 

Los llamados “transgénicos”, son individuos de especies animales o vegetales, a los que se les ha introducido, por las técnicas de ingeniería genética, genes o grupos de genes proveniente de otras especies (o heterólogos).

 

Hoy en día buena parte de la prensa  usa la denominación de transgénicos para los alimentos provenientes de especies genéticamente modificadas (OGMs), lo que es impreciso e incorrecto.

 

Si bien el hombre, por medio de las técnicas de cruzamiento,  ha efectuado este tipo de manejo desde hace muchos siglos,  en la actualidad y  como consecuencia del desarrollo de las técnicas de biología molecular, ingeniería genética y biología celular, ha podido incorporar genes heterólogos en un gran número de especies, tanto de animales como de vegetales.  Prácticamente todos quienes trabajamos con técnicas de biología molecular hacemos diariamente transgénesis en bacterias o virus de laboratorio.

 

En la última década se ha generado una amplia gama de especies transgénicas de interés económico, en el caso de los vegetales, especies a las que se les ha incorporado genes que, de diversas maneras, aumentan la productividad de la especie en cuestión, o mejoran la calidad alimentaria del producto, o producen una sustancia de alto valor agregado (en las llamadas biofactorías vegetales).  En el caso de los animales pasa algo similar, como ejemplos, los salmones transgénicos , que alcanzan la etapa de comercialización en un tercio del tiempo de las especies originarias, o animales como Dolly, la oveja clonada, que como otras, produce un reactivo biológico de alto valor comercial.

 

La enorme magnitud de los mercados, los existentes y los potenciales, en el campo farmacológico y de la producción de alimentos, ha traído como consecuencia una creciente participación e inversión de las grandes empresas privadas en el área de las biotecnologías, la que se ha convertido en la segunda área de inversión financiera a nivel mundial.  Esto ha tenido como consecuencias, un importante flujo de investigadores y tecnologías, del sector universitario o académico al sector empresarial, y la creciente incidencia de los intereses comerciales en las prioridades de las líneas de investigación de las empresas. Sin embargo y afortunadamente, no en todos los casos se da competencia, siendo frecuente la complementación de esfuerzos entre los dos sectores.

 

Producto de esta gran inversión en la investigación biotecnológica, tanto en recursos materiales como humanos, es una larga lista de especies transgénicas y de productos provenientes de ellas, algunos que ya están en los mercados, mientras que la mayoría de ellos están en las complejas y largas etapas de patentamiento, análisis y evaluación , que deben seguir antes de ser autorizados a ser liberados a los mercados comerciales.  Una institución típica, responsable de esta evaluación lo constituye la F.D.A. de los Estados Unidos (Food and Drug Administration), famosa por la rigurosidad de los controles que establece sobre fármacos y productos alimenticios.

 

En la actualidad podemos hablar de tres generaciones de especies vegetales transgénicas:  

1)           en la primera, la mayoría esta relacionada con resistencia a herbicidas específicos (glifosato) y la incorporación de plaguicidas naturales como lo es la toxina del Bacillus thuringiensis (Bt), como medios de aumentar la productividad de especies como la soya, el maíz o el algodón. 

2)           en este segundo grupo  dominan las especies a las que se le incorporan genes o grupos de genes que confieren resistencia al frío, o resistencia a la salinidad de los suelos, o incorporan grupos metabólicos para sintetizar vitaminas o transportar oligoelementos, lo que confieren una mejora muy significativa a la calidad alimenticia de sus productos.  

3)           en el tercer grupo, podemos mencionar especies a las que les ha incorporado genes para la producción de sustancias bioactivas, de alto valor farmacológico y comercial que no es posible producir en bacterias, levaduras u hongos, constituyendo verdaderas biofactorías vegetales del futuro.

 

En los últimos años, un sector importante de las organizaciones “ecologistas” o “verdes”, han promocionado, muchas veces sin un sólido basamento científico, sino mas bien con un sentido político, los temores que la modificación por parte del hombre de los genomas de otras especies y la liberación “al campo” de las mismas podían tener, sobre los equilibrios ecológicos y la salud humana.

 

Los temores que se mencionan  mas frecuentemente son:

·         La dispersión de genes de resistencia a herbicidas a especies silvestres.

·         El efecto de bioinsecticidas sobre especies no dañinas.

·         El posible efecto tóxico o alergénico del producto de genes transferidos.

·         Posibles alteraciones sobre las presiones evolutivas y la biodiversidad.

·         El potencial control abusivo de las multinacionales sobre los mercados.

 

Sin embargo, estas inquietudes, válidas tanto para el ciudadano común como para los científicos, han sido usadas en forma inapropiada e injusta, llamado “alimentos veneno”  o Frankenfood” a todos  aquellos alimentos que contienen productos provenientes de OGMs,  aún habiendo pasado todos los rigurosos controles sanitarios estatales.

 

Frente a esta ofensiva, que en muchos países ha alcanzado un llamativo oscurantismo y un nivel de violencia casi “fundamentalista”, las grandes comunidades científicas de países con un alto nivel de desarrollo han reaccionado y  salido a respaldar las investigaciones en este campo y el enorme valor de las técnicas de transgénesis como herramienta para  mejorar la calidad y cantidad de la alimentación de una población  mundial en creciente expansión, así como sus aplicaciones en la biomedicina, ayudando a prolongar y mejorar la calidad de la vida humana.  En este sentido se han pronunciado en forma contundente las Academias de Ciencias de países como los EEUU, Francia, U.K., China, India, Brasil, México, etc., quienes remarcaron que los cultivos de especies transgénicas, una vez que pasan los controles establecidos  “no presentan  riesgos para la salud y el medio ambiente”.

 

Como una avanzada de la nueva generación de cultivos transgénicos, está en etapas de evaluación  el llamado “arroz dorado”, una variedad de arroz desarrollado en laboratorios de Suiza y Alemania, al que se le han incorporado los genes que permiten la síntesis de un precursor de la vitamina A y el transporte de hierro.  Este nuevo arroz,  incorpora entonces algunos de los elementos cuya carencia en la alimentación es un grave problema en muy extensas poblaciones de Asia, África y América Latina.  Los autores de este arroz transgénico han renunciado a las ganancias que sobre su comercialización se generen y están logrando que grandes multinacionales propietarias de algunos de los mecanismos de ingeniería genética implicados, renuncien también a sus ganancias, y el mismo  está siendo “testado” como alimento en los humanos, por un grupo de religiosas voluntarias, concientes del enorme valor social de este producto biotecnológico.

 

El fenómeno del debate sobre los OGMs ha llegado también a nuestra América, donde Argentina ya tiene un importante porcentaje de su producción de soya basada en las variedades transgénicas, con importantes aumento del rendimiento en la producción y una muy significativa disminución del uso de los herbicidas convencionales, (que son altamente contaminantes del suelo).   En Brasil en cambio,  se ha bloqueado a nivel federal y particularmente en algunos estados, el uso de cultivos OGMs,  pese a lo cual muchos productores los estarían empleando en forma no autorizada.

 

Hemos llegado a las etapas de los acuerdos a nivel internacional en los países o agrupamientos regionales.   En la Unión Europea se ha llegado a instalar la obligatoriedad de etiquetar aquellos alimentos que tengan mas de un 1% de su contenido proveniente de OGMs, pero sin embargo ha legislado respecto a que no se puede prohibir el uso de cultivos OGMs a menos que se demuestre que sean dañinos.

 

En EEUU en cambio, que es el mayor productor mundial de OGMs, no solo no se etiquetan los productos, sino que se estima que ya mas del 60% de los alimentos contienen algún componente proveniente de OGMs.

 

Como conclusión, queremos proponer la comprensión de que: no se puede detener la generación del conocimiento, del avance científico y de sus aplicaciones,  que las biotecnologías se han constituido en uno de los aportes mas significativos de la ciencia del último cuarto del siglo XX, por su enorme repercusión sobre la alimentación y la biomedicina, y que lo importante es que cada país cuente con mecanismos eficientes y rigurosos de evaluación y control de nuevos productos alimenticios y farmacológicos, ya sean provenientes éstos de los métodos tradicionales o de la ingeniería genética.

 

Finalmente, queremos destacar lo grave de la situación de nuestro país, que parece vivir de espaldas a la realidad de la “economía del conocimiento”, ya que como exportador fundamentalmente de productos biológicos o sus derivados, de no incorporar las nuevas tecnologías, ira perdiendo progresivamente competitividad en los mercados internacionales.