La expansión de la especie humana y sus efectos sobre el planeta y la biodiversidad.

 

En la última década, vastos sectores de la comunidad científica han tomado conciencia de la progresiva pérdida de la riqueza que constituye la diversidad biológica de nuestro planeta.

 

Esta preocupación se ha reflejado en algunos gobiernos y en los organismos internacionales como el sistema de las Naciones Unidas.  Una de las acciones mas significativas al respecto lo fue la reunión de Río de Janeiro de 1992, donde se efectuaron diversos llamados a enfrentar el problema.  En el presente año, un estudio, elaborado por el Instituto de Recursos Mundiales y varias agencias de la ONU, replantea el problema con un panorama mucho mas preocupante  aún. (World Ressources 2000-2001).

 

A lo largo de millones de años, el proceso evolutivo se ha visto favorecido por la existencia de nichos ecológicos con características muy diversas, lo que ha permitido la generación de millones de especies, animales y vegetales, con características tales que se adaptan a esos diferentes "habitats".

 

Todo esto se produjo en un proceso dinámico desde la aparición de las formas mas simples de vida sobre el planeta, con grandes cambios consecuencia de catástrofes o cambios climáticos globales, que aparejaron desapariciones masivas de especies.

 

Si bien la mayor masa biológica esta constituida por las bacterias,  y el grupo con mayor número de especies lo son los insectos, la especie que ha tenido mayor expansión, e influenciado más sobre otras, lo es la especie humana.

 

Esta realidad se debe al progresivo desarrollo del sistema  nervioso central y a la actividad intelectual, que transformó a un primate superior en un “homo habilis” primero, y en la realidad  de nuestra especie hoy.

 

El desarrollo de la “inteligencia” en la especie humana, es la causa de lo que podríamos llamar “escapes” a los controles habituales del tamaño de las poblaciones naturales, en diferentes grupos biológicos. 

 

En este sentido, podemos mencionar el progresivo escape a o eliminación de las especies predatoras del hombre, así como la producción regular de alimentos generada por el sedentarismo, la agricultura y la domesticación y cría de animales.  Debe sumares a esto,  el constante incremento, durante el último siglo, en los medios desarrollados por el hombre para mejorar su salud, y por tanto aumentar en forma progresiva pero sostenida, el promedio de vida de la mayoría de sus poblaciones.

 

Esta tendencia en la evolución de la especie humana ha generado un progresivo aumento en su población y por ende, en las zonas del planeta que ha ido ocupando,  junto con un aumento, a veces desmesurado de la densidad de su población en determinadas zonas, (recordemos cuantas ciudades del planeta, tienen hoy mas de 10 millones de habitantes).

 

Este aumento de la población humana y su dispersión sobre el planeta, se ve reflejada también en la modificación del paisaje, del que es responsable el hombre.  Quienes hemos viajado en avión, tenemos bien presente, las enormes extensiones en las que el hombre hace agricultura, cría ganado de diversas especies, construye ciudades, puentes, represas, tala bosque naturales y planta otros con especies de otras regiones,  y contamina suelos, aguas y costas.

 

La actividad del hombre, al plantar un grupo reducido de especies (hortícolas, frutícolas o forestales),  introducir ganado, alambrar, produce el desplazamiento o la desaparición de las especies animales y vegetales autóctonas, que constituyen la muestra de especies naturalmente adaptadas al nicho ecológico de que se trate, con la consiguiente pérdida de su patrimonio genómico.

 

La deforestación, provocada por la necesidad del hombre de dedicar progresivamente mas tierras para la agricultura o la ganadería,  genera en si misma un doble problema:  por la desaparición de la biodiversidad propia de esa región , y por la perdida progresiva de  áreas verdes, captadoras de anhídrido carbónico (C02)  y generadoras de oxígeno(02). Esta pérdida no solo es importante en los bosques tropicales de América, África y Asia, sino también en zonas subtropicales y templadas.  Baste decir que Europa ha perdido ya el 70% de su forestación natural.  En nuestro continente, no solo disminuye la superficie de la selva amazónica, sino que se ha reducido también dramáticamente la llamada “mata Atlántica” del Brasil

 

Como producto de las muy diversas actividades de la población humana, se generan deshechos y subproductos varios, que son los responsables de la contaminación de suelos, aguas dulces y la franja costera.  Pensemos en la enorme cantidad de aguas servidas, incluyendo detergentes, basura (incluyendo plásticos de muy lenta degradación), plaguicidas e insecticidas de uso masivo en la agricultura altamente tecnificada, que se vierten diariamente a nuestro alrededor.   Quienes hayan visto fotos satelitales de las franjas costeras de Europa o los Estados Unidos ,  pero también,  quienes puedan oler los arroyos que desaguan en la Bahía de Montevideo,  podrán comprender la magnitud de la contaminación de las franjas costeras ocupadas masivamente por el hombre.

 

La actividad industrial y el consumo cada vez mayor  de combustibles fósiles, han generado también un muy alto grado de contaminación en la atmósfera.  Si pudiéramos ver desde lejos, con una perspectiva adecuada nuestro planeta, podríamos tener conciencia de lo pequeña y frágil que es la zona habitable del mismo, ya que va desde unos pocos cientos de metros por debajo del nivel del mar, hasta apenas unos 4.000 metros sobre el nivel del mismo. Por encima de unos 2.500 metros , las condiciones de vida se hacen bastante dificultosas para la mayoría de las especies.

 

Esa contaminación de la atmósfera, no solo se expresa en gases, algunos de ellos tóxicos, sino también en partículas de polvo de diferente naturaleza, que sostenidas en el aire, afectan la calidad del mismo, interfieren con la absorción de la luz y la energía solar, y contribuyen, junto con el aumento del CO2 al llamado “efecto invernadero”, es decir el progresivo aumento de la temperatura promedio de la capa atmosférica, que tendrá consecuencias importantes sobre las masas de agua dulce congeladas, el aumento del nivel de las aguas oceánicas y la modificación de las condiciones climáticas a las que están adaptadas muy numerosas especies de animales y vegetales.

 

Como resultado de esas acciones del hombre: modificaciones de “habitats” por introducción masiva de especies , deforestación, contaminación de suelos, ríos y lagunas, zonas costeras, contaminación atmosférica, hemos ido minando el proceso natural de renovación y conservación de las especies que ocupaban las zonas afectadas, con la consiguiente y muy preocupante pérdida de diversidad biológica.

 

Frente a esta realidad incontrastable, pensemos que la población mundial ha aumentado un 30% en tan solo los últimos 20 años, llegando a los 6.000 millones de personas,  será responsabilidad de  nosotros mismos, como integrantes de nuestras sociedades y por medio de los gobiernos, sobre los sectores productivos, tomar las medidas que permitan compatibilizar, el aumento de la población de nuestra especie, con la preservación de las condiciones de vida que no sigan destruyendo la riqueza que constituye la diversidad biológica,  en las diferentes zonas del planeta, ya que de los recursos genéticos de esa biodiversidad, dependerá el hombre para su propia subsistencia en los siglos futuros.   

 

 

 

Dr. Rodolfo Wettstein

Departamento de Biología Molecular

Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable

 

 

 

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