Para la recolección manual precisás tan solo algunos frasquitos o bolsas de nailon, una pinza o un palito, buena vista y valor. Y suerte. Se busca debajo de piedras, entre la hojarasca, debajo de cortezas, sacudiendo ramas, revisando paredas, etc. Si encontrás un bicho que vuela, no es una araña. Si no vuela, la cosa es más fácil. EMPUJA AL ANIMAL CON UNA PINZA O UN PALITO HACIA EL FRASCO Y TAPALO. NO LO AGARRES CON LA MANO, PUEDE SER PELIGROSO. En la figura te mostramos algunas técnicas de captura a mano. Debés contar con el bichito no es bobo y no va a estar esperando que vos lo agarres.

Si agarrás una araña con los dedos seguramente te los va a morder. Mejor usá alguno de estos métodos. Podés empujar bruscamente con un palito al animal dentro de un vaso de plástico, o tranquilamente se lo ponés arriba. En este último caso usarás un papel o un cartoncito fino para poner por abajo y poder así girar el vaso sin que el bicho se te escape. Por último, si el bicho es chico y trepador usá una cajita de fósforos, como te indica la figura. Se la ponés arriba y después la cerrás (con el bichito adentro).
Guardá cada animalito en una bolsita individual y un papelito con sus datos: procedencia (departamento, localidad, barrio), la persona que lo recolectó y la fecha (ver Figura). También podés anotar todos los datos que te parezcan importantes: si estaba debajo de una piedra, en las hojas, si tenía ooteca, si estaba con otros bichos, etc.). Usá siempre lápiz, porque no se borronea con el agua (o con el alcohol, si los guardás muertos).

Periódicamente (semanal o mensualmente) revisarás las trampas, vaciando el contenido del vasito interior en un colador y luego pondrás los bichos en una bolsita de nailon con alcohol. Como antes, le colocarás un papel con los datos. Como el vaso exterior evitó que la tierra se derrumbara, podés poner nuevamente el vaso interior en su lugar. Deberás reponer el líquido. Como te dijimos, la trampa puede capturar mientras tú descansas, aún durante la noche.

Una trampa de caída se hace con dos vasitos, uno adentro del otro. Se entierran al ras del suelo y se le pone un techo con una piedra. Los pobres animalitos caen, mueren y se conservan en el formol que cubre el fondo del vaso interior.
