Colgada en su tela desprolija, en algún rincón del techo, encontramos esta araña de
cuerpo increíblemente chico y patas finas, que envuelve a sus presas antes de morderlas.
Si la asustamos (por ejemplo, con un palito o le tiramos una pelotita de papel) nos
sorprenderá girando frenéticamente su cuerpo mientras mantiene las patas fijas en la
tela.
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