Durante el envejecimiento
cerebral normal hay pérdida de neuronas (por muerte celular)
y cambios en la estructura y química de las neuronas, glías
y vasos sanguíneos del sistema nervioso. Aparecen alteraciones de
la forma externa y de la estructura interna de las neuronas, como, por
ejemplo, desorden del esqueleto celular y depósitos de pigmentos
y proteínas, cambios químicos que afectan la función
neuronal. Por otro lado, hasta la octava década de la vida, las
neuronas supervivientes tienden a compensar la pérdida o atrofia
de neuronas remodelando sus conexiones por crecimiento y ramificación
de sus prolongaciones (axón y dendritas). Algunas glías aumentan
su tamaño y proliferan velozmente. Con la edad también aparecen
en el cerebro de los mamíferos superiores normales (incluído
el hombre) las placas seniles o amiloides. Estos depósitos
o agregados proteicos permanecen en número reducido en los cerebros
sanos, pero se acumulan espectacularmente en los enfermos con Alzheimer.
Importancia
de la enfermedad de Alzheimer.La demencia de Alzheimer es una enfermedad
cerebral irreversible y progresiva que implica la pérdida gradual
de memoria, cambios en la personalidad y el comportamiento, y finalmente
la alteración severa de las capacidades intelectuales. Las primeras
manifestaciones son pérdidas fugaces de memoria, fallos en juicios
cotidianos y cambios en la personalidad. Luego el olvido se extiende al
nombre de personas y objetos familiares y progresivamente alcanza a funciones
y tareas tan sencillas como higienizarse. Los disturbios emocionales y
del comportamiento son cada vez más frecuentes. La pérdida
completa de raciocinio puede conducir a la dependencia total. Los pacientes
más afectados tienden a desarrollar otras enfermedades e infecciones
y muchos mueren de neumonía. Al final, hay una grave atrofia cerebral,
un achicamiento del cerebro que se puede ver con radiografías o
técnicas más sofisticadas (ver Figuras 1 y 2). El
paciente queda recluído en una cama, indefenso, incontinente y no
responde al mundo exterior. Dado que la supervivencia puede llegar a 20
años luego del diagnóstico, la enfermedad representa una
pesada carga económica y social para familias y estados.
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Figura 1.- Atrofia cerebral de la enfermedad de Alzheimer. |
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Figura 2.- Resonancia magnética nuclear del cerebro de un paciente con Alzheimer severo (similar al cuadro C de la figura anterior). |
Las causas íntimas
de la enfermedad de Alzheimer están en pleno estudio, pero se acepta
que es disparada por interacción de factores genéticos
y no genéticos. Una sola mutación en uno de tres
genes (localizados en los cromosomas 1, 14 y 21) basta para desencadenar
la forma familiar del Alzheimer. El Alzheimer esporádico, sin un
patrón hereditario obvio, podría producirse por la suma de
mutaciones en varios genes.Los genes alterados determinan la formación
de proteínas anormales o el aumento o disminución en la producción
de una o más proteínas (como las proteínas tau
y beta-amiloide tratadas mas adelante). Entre los factores no
genéticos, se destacan las oxidaciones exageradas por
exceso de radicales libres, que alteran las membranas celulares y la información
genética contenida en el ADN, desencadenando una cascada de agresiones
que afecta células y moléculas. El cerebro es muy vulnerable
a cualquier ataque por tóxicos, por su alta tasa metabólica
y porque las neuronas no se reponen y deben durar toda la vida. La inflamación
cumpliría un rol tanto en el envejecimiento cerebral normal como
en el Alzheimer; las placas seniles tienen un componente inflamatorio que
contribuye a producir la lesión. La dieta es otro factor
importante: los niveles sanguíneos altos de homocisteína
(muy abundante en las carnes rojas) y bajos de ácido fólico
favorecen la aparición del Alzheimer. El ácido fólico,
que junto a las vitaminas B6 y B12, metaboliza la homocisteína,
participa en el protección del sistema nervioso durante toda la
vida.
Hay una grave alteración de tres procesos críticos: la comunicación entre neuronas, el metabolismo celular y la capacidad de reparación del tejido nervioso. Son atacadas primero las neuronas que actúan en la memoria, afectando los recuerdos cercanos, la incorporación de datos nuevos y la habilidad para realizar tareas sencillas y habituales. Luego ataca las áreas corticales del lenguaje y el razonamiento, alterando la comunicación, capacidad racional y comportamiento. En cuanto al mecanismo del Alzheimer, hay dos estructuras anormales o patológicas que ofrecen una pista: los ovillos neurofibrilares y las placas amiloides (ver Figuras 3 y 4). Los ovillos neurofibrilares poseen abundante proteína tau alterada. La proteína tau normal participa en la estabilización del esqueleto celular y en la comunicación neuronal. En el Alzheimer, esta proteína falla en su cometido y ese esqueleto colapsa y forma ovillos desordenados, distorsionando el transporte y comunicación de la célula, llevándola a veces a la muerte.
Las placas amiloides
se desarrollan en áreas relacionadas con la memoria y las funciones
cognitivas superiores. Se forman porque el llamado “precursor de la proteína
amiloide” (PPA) se divide en dos fragmentos, y el fragmento largo, llamado
proteína
beta-amiloide, se pega a las membranas celulares, iniciando la formación
de las placas.Con el PPA ocurre lo mismo que ocurre con muchas otras proteínas
clave del organismo (por ejemplo, la proteína tau, o
la acetilcolinesterasa):
cuando está en cantidades controladas
es imprescindible y/o protector, pero cuando aumenta exageradamente o cambia
un solo aminoácido de su molécula, se vuelve agresivo
o tóxico. La proteína beta-amiloide es tremendamente
adhesiva, forma las placas y es muy tóxica para las neuronas.Cumpliría
un papel capital en la enfermedad. Causa inflamación, genera
radicales libres, vuelve a las neuronas más susceptibles a la baja
irrigación sanguínea y eventualmente conduce a la muerte
neuronal por entrada excesiva de calcio.A medida que la enfermedad progresa,
más y más placas van ocupando áreas mayores del cerebro.
En las placas hay también una gran cantidad de acetilcolinesterasa,
otra proteína vital, finamente regulada por el organismo, y que
en exceso es también nociva (ver Posdata Nº 275, enero
7 de 2000). Cuando está en demasía, esta enzima acetilcolinesterasa
(que normalmente destruye al neurotransmisor acetilcolina) altera
la comunicación entre las neuronas (como hemos descrito en nuestro
laboratorio), aumenta la toxicidad de la proteína amiloide,
y dispara una serie de reacciones de las células gliales que pueden
llevar a la lesión crónica del tejido nervioso.
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Figura 3.- Estructuras anómalas de la demencia de Alzheimer. |
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Figura 4.- Reconstitución tridimensional de una neurona cerebral normal (4A) y de otra afectada por Alzheimer (4B). |
Nuevos tratamientos,
estrategias de combate más efectivas, se van proponiendo
a medida que la investigación científica va develando los
mecanismos de la enfermedad. Unos 60 fármacos potenciales están
siendo sometidos a ensayos terapéuticos en humanos, incluyendo anti-inflamatorios,
anti-oxidantes, agentes que favorecen la regeneración cerebral,
así como fármacos y dietas neuroprotectores. Los tratamientos
modernos tratan de neutralizar los mecanismos conocidos de la enfermedad.
Como el sistema colinérgico es crucial para los procesos cognitivos
superiores y la memoria, se trata de reforzar la transmisión por
el neurotransmisor acetilcolina(colinérgica) administrando
agentes que aumentan la liberación de acetilcolina, simulan su acción
o inhiben su destrucción (como lo hacen los inhibidores de la
acetilcolinesterasa).Dado el papel central de la proteína
amiloide en la enfermedad, se está tratando de desarrollar una
vacuna contra ella, ya que se vio en ratones modificados genéticamente
para que desarrollen placas amiloides que la vacuna “limpiaba” las
placas o detenía su formación.
Observaciones finales y expectativas
En los últimos
años, el conocimiento de los mecanismos de la enfermedad mejoró
el tratamiento y cuidado de los pacientes, pero sin logros resonantes.
Existe la esperanza de encontrar en breve marcadores químicos que
la delaten precozmente, para permitir un tratamiento temprano. Es imprescindible
profundizar sobre sus causas y mecanismos, para diseñar tratamientos
mas racionales. A medida que la población del mundo envejece y el
número de ancianos se incrementa, el costo social del Alzheimer
irá en constante aumento. Salvo esfuerzos aislados, nuestro país
ha permanecido indiferente al tema, olvidando que la distribución
de edades de nuestra población es de las mas “envejecidas” del globo.
Por todo ello, el Alzheimer es para nosotros un riesgo cercano al que potencialmente
todos estamos expuestos. Todo investigación que el país realice
para el mejor conocimiento y tratamiento de este mal será devuelto
con creces en lo económico y social.