Los valores mas preciados para el Maestro eran tres:
“Bien, Verdad y Belleza”. Estos valores no parecen ni fáciles
de medir, ni prontos para negociar. Sin embargo, no conocemos a ningún
científico o tecnólogo compatriota, aún si buscamos
entre los que procuran incansablemente la ciencia aplicable y útil,
que haya dado al país tantos bienes materiales como nos dio Estable
a los uruguayos. El sostenía que muy frecuentemente la ciencia
que parece más abstracta o menos aplicable es la que resulta la
mas útil y productiva. Convencía, porque estaba convencido,
de que no hay mayor riqueza para un país que sus cerebros... ¡
y predicaba que no hay baldíos más costosos que los cerebros
baldíos!
Por Daniel Rodríguez-Ithurralde (*)
¿Qué nos dejó Estable?
Parte del legado de Clemente Estable está constituido por valores
objetivables, medibles de una u otra manera; otra parte son bienes
imposibles de objetivar por indicadores cuantitativos. Creo (*) que
lo más valioso que él le legó al país son justamente
los bienes no cuantificables. Los valores mas preciados para
el Maestro eran tres: “Bien, Verdad y Belleza”. Ellos no parecen
ser bienes fáciles de medir, ni de negociar. Sin embargo, no conocemos
a ningún científico o tecnólogo compatriota –actual
o pasado- que haya dado al país tantos bienes materiales como nos
legó Estable a los uruguayos. El Instituto que hoy lleva su
nombre es uno de esos bienes, en aquella época de los mas actualizados
y mejor equipados de la región.
¿Qué más nos legó? Aún a riesgo
de ser injustos o livianos, pasaremos revista no exhaustiva a algunos de
los bienes que nos dejó. No vamos a tratar sus valiosísimos
aportes pedagógicos y filosóficos, sino sólo una parte
de sus contribuciones al pensar y al hacer de los científicos.
El legado no cuantificable de Estable
El núcleo de este “inventario no exhaustivo” son ideas, fuerzas
y emociones, que Estable contagiaba a quienes se le acercaban. Incluye
esencialmente su filosofía y praxis de la investigación científica.
Nos ayuda, también, a entender cómo y porqué logró
todo lo que logró.
Nos legó:
Las máximas escritas y no escritas de Estable para el
trabajo científico
Con unas pocas excepciones, son válidas para cualquier otra actividad,
arte o técnica. Estas normas para el trabajo científico
surgen tanto de sus publicaciones, como de su palabra, que recogí
en mi convivencia de laboratorio durante los últimos 8 años
de su vida.
(1) El punto de partida de toda exploración o tarea es saber
dónde estamos. Saber hasta donde se sabe del problema a abordar.
“Hasta acá se sabe, de aquí en adelante es saber original”
decía Estable. La base para “alcanzar cualquier alta cumbre”
del saber o de la acción es dominar lo que se conoce hasta el momento.
Pensemos en un explorador de los mares o la tierra, en Colón...
¡o en Solís! Deberá primero dominar el
“hasta aquí se sabe” de Estable para pretender penetrar en terreno
desconocido.
(2) La claridad en el planteo de la pregunta a contestar, en la formulación
del objetivo a lograr (el rumbo general del navío) es vital. Y decidir
críticamente si el objetivo vale la pena.
(3) La excelencia en la técnica a emplear para lograr el fin
buscado. Nuestro límite está determinado por el poder
de la técnica que usemos (¡Ay, Solís!). Estable
sacó el máximo partido de las técnicas que empleó.
(4) Una sola técnica o método, por excelente que sea,
no es suficiente para conocer y describir un fenómeno nuevo.
¿Cómo describir un Nuevo Mundo cuando la expedición
se compone solo de marinos, o sólo de cartógrafos?
Cada técnica muestra sólo un aspecto parcial de la realidad.
No debemos temer salir de una disciplina y entrar en otra a fin de describir
mejor un hecho nuevo, o contestar una pregunta relevante.
(5) El valor de la experimentación. Mas vale un experimento
imperfecto que un perfecto, inmaculado pensamiento no basado en hechos
verificados. “Solo se avanza a riesgo de caer; toda marcha, del cuerpo
o del espíritu, es una constante caída frenada a tiempo.”
Ante la duda mas vale probar la ruta, a la manera de Colón.
(6) Siempre se puede ir más allá en lo desconocido.
Siempre se puede penetrar mas profundamente la selva enmarañada.
“No hay asuntos agotados, sino hombres agotados en los asuntos.”
(7) El valor del hecho objetivo y estrictamente comprobado es fundamental,
y no debemos mezclar hechos con interpretaciones. La explicación
ya vendrá, si el hecho está claramente descripto.
(8) Al mismo tiempo, debemos mirar mas lejos, buscando la significación de la zona o hecho des-cubierto. Cómo se integra con la realidad ya conocida.
(9) Y al buscar el significado de un descubrimiento, no tomar el árbol por el bosque: “Asegurada la exactitud de las observaciones, el error más grave y común consiste en tomar la parte por el todo. He aquí el origen de numerosísimas teorías que forzando las interpretaciones, se convierten en sustituto mental de una verdadera representación o imagen de la realidad.”
(10) Y en cada paso, en la elección de los fines y los medios,
y en el análisis de los resultados, una gran autocrítica,
pero una que no inmovilice.
Inventario (no exhaustivo) del legado material de Estable:
La importancia de la ciencia para nuestro país según
Estable
Si “Bien, Verdad y Belleza” eran sus tres valores fundamentales, eran
también tres los caminos principales hacia estos valores, y hacia
la riqueza y felicidad de seres y naciones: “el desarrollo de la Moral,
la Ciencia y el Arte”.
Algunos políticos uruguayos dicen ahora: “No podemos competir
científicamente con los centros desarrollados, no podemos estar
al día en todo. Además, la ciencia no genera riqueza,
por lo tanto, tenemos que comprar ciencia del exterior cuando la necesitamos.
En cambio, como lo realmente útil es la técnica, debemos,
por lo tanto, hacer nuestra propia tecnología”.
Aunque con otras palabras, Estable decía y hacía todo
lo contrario: No podemos desarrollar toda la tecnología y
entonces ésa sí hay que comprarla, pero sólo de acuerdo
a las necesidades del país, y sabiendo para qué la compramos.
La tecnología que se dirige a un uso muy concreto tiene corta vida.
Lo que hoy es útil, mañana será anticuado, en un mundo
vertiginosamente cambiante. Y ¿cómo entenderemos las nuevas
posibilidades tecnológicas si no tenemos científicos? Por
el contrario, a la ciencia no podemos comprarla, así que debemos
tener auténticos científicos que puedan resolver un problema
nuevo, sea cual sea, aún el planteado por una tecnología.
Estable fue un defensor incansable de la importancia crucial de la
ciencia para nuestro país. Sostenía que muy frecuentemente
la ciencia que parece más abstracta o menos aplicable es la que
resulta más útil a la producción. Y genera además
todo un árbol de nuevos descubrimientos e innovaciones. Predicaba
que “lo creado, aumenta el poder creador; lo descubierto, facilita los
descubrimientos; el crecer de los poderes abre nuevos horizontes a los
derechos y a los deberes del hombre...”
Convencía, porque estaba convencido, de que “no hay mayor riqueza
para un país que sus cerebros” y de que “no hay baldíos más
costosos que los cerebros baldíos!”
* Daniel Rodríguez-Ithurralde, último discípulo
de Clemente Estable, es Encargado del Laboratorio de Neurociencia Molecular,
División Neuromiología, IIBCE.